PÁSAMELA CRIS !!!

Hace 53 años, un desgraciado día como el de este fin de semana,  con tu marcha a un lugar mejor, unió nuestras vidas. Nos dejaba tu madre, mi madrina, Eva.  Desde ese momento, tú y tus hermanos,  empezasteis  a cambiar mi vida. Ya tenía dos hermanas pequeñas y otro hermano mayor. Contigo empecé a compartirlo todo, habitación, mesa, juegos...amor. Ya tenía con quién jugar, pasear, discutir... Ocupasteis tú y tu hermana Evita, el hueco que por edad había entre mis hermanos y yo. 

Un lugar privilegiado fué nuestro campo de juegos y vivencias. Vivíamos en "el bosque" como le llegaron a llamar en la prensa local, un pulmón de naturaleza en un barrio de La Milagrosa que comenzaba a ser invadido por el hormigón. Arboles frutales de todo tipo, nos saciaban en interminables días de juego, hasta el pozo de agua que había en el medio, porque de ahí hasta el fondo "ya nos sobraba", y era donde tu padre principalmente se dedicaba a cultivos varios.
Fuimos de los últimos privilegiados en disfrutar de juegos a base de mucha imaginación, de sol a sol. Con los vecinos, tras un "bajas a jugar" se encendía el modo "play", pero no en la pantalla, con los pies en la tierra, y dimos rienda suelta a nuestra energía, y la quemábamos jugando al brilé, a las canicas, al escondite, quedas...Para envidia del resto del barrio, llegábamos a montar cabañas, y tómbolas en plena calle, donde vendíamos los juguetes, cuentos, que ya había cumplido ciclo.



Pero en la intimidad, BALONCESTO. En un humilde campo de juego, pegado a nuestras casas, donde sólo una puerta, siempre abierta, nos separaba de mi madre, vuestra "madrina" y su cocina de leña, el olor de sus guisos, hacia cantar nuestras tripas. Pero antes de comer, no podía faltar nuestro partido de baloncesto. Tú conmigo, contra tu hermana y tu hermano mayor Seber. El aro estaba sujeto no se como, a un muro del estilo y casi del tiempo de los romanos, y para más "inri", unos alambres que sujetaban una vetusta parra, limitaban nuestro campo de tiro. Todas aquellas pequeñas trabas nos enseñaron a superar obstáculos mayores . Empezamos perdiendo, los contrincantes nos superaban en altura, pero tú acabaste superándolo con tus regates y yo con mis saltos, para desesperación de tu hermano. A tí te llevó a ser una gran jugadora "base" de baloncesto, a mí a seguir saltando, al voleibol.



El verano ya era el colmo del disfrute, nos llevaban a la playa de Riazor en A Coruña. Largos viajes, para suplicio de mi madre, primero en tren, después en Seat 600, y después ya la "comodidad" de un Seat 850. Hoy en día todavía no me explico, ni nadie fue capaz de explicarme, como se metía toda la familia en esos coches, sus respectivas maletas, y casi la comida para un mes de vacaciones. Y de aquella los jamones iban enteros, nada de tapers, y los quesos de castilla idem. En la calle Rubine, entrando por un callejón que hoy no existe, llegábamos a la casa de una familia que nos alquilaba las habitaciones. Riazor, Bastiagueiro, Santa Cristina... recuerdos imborrables. Las tardes de paseo, Plaza de Pontevedra, el puerto, y por supuesto, Cuatro Caminos, donde casualmente estaba la fábrica de Estrella de Galicia, y donde empecé caer en la tentación de la buena cerveza y sus patatas fritas...hoy sigo pecando.

Aunque lo intenté, no pude resistirme a compartir mis vivencias contigo en la red, porque todos tienen que saber, que a parte de lo gran jugadora y entrenadora que fuiste, también lo fuiste como mi  gran hermana pequeña. Todos los homenajes que te hagan, son pocos y merecidos.

Allá donde estés Cris espérame, aún nos queda un último partido por jugar.






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